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viernes, 5 de septiembre de 2014

Los 10 coches de F1 más revolucionarios

La innovación, el ingenio y la búsqueda de los límites, siempre han sido las señas de identidad de la Fórmula 1, las causas de que sea considerada la competición automovilística más exigente a nivel tecnológico. Algunas de las soluciones técnicas aplicadas a sus monoplazas han servido de guía en el desarrollo de la automoción comercial.

Me propongo en este post hacer un ranking - muy personal, por supuesto – de cuáles han sido los monoplazas más revolucionarios e innovadores de esta competición. No todos los coches seleccionados han sido monoplazas exitosos. Es más, alguno de ellos puede considerarse un auténtico fracaso. Pero todos han introducido nuevas vías de desarrollo que han cambiado la competición. ¡Empecemos!


Cooper T43



Cooper era un pequeño fabricante de automóviles prácticamente caseros. Ensamblaban motores de motocicleta a viejos chasis para hacer monoplazas en diversas competiciones. Su principal característica era la posición del motor, en la parte trasera. El propio Cooper explicaría que era una cuestión de comodidad: los primeros motores de motocicleta se podían ensamblar mejor así.

Pronto llamaron la atención de varios pilotos, como Jack Brabham, Stirling Moss o Trintignant. Una sexta plaza en su debut con Brabham y una victoria de Moss en Argentina, desencadenaría la euforia de los motores traseros. Todas las escuderías, encabezadas por la innovadora Lotus, adoptarían esta solución. Solución que pervive en los monoplazas hoy en día.


Lotus 25




Hasta principios de los 60 todos los monoplazas de F1 estaban cortados por el mismo patrón: el chasis tubular, compuesto por una jaula de tubos entrelazados. Hasta la irrupción del Lotus 25, un monoplaza propulsado por el nuevo motor Coventry-Climax FWMV V8, que empleaba un chasis monocasco construido de lámina de aluminio.

Lotus tardó en afinar chasis y motor, pero cuando lo logró, Jim Clark conquistó dos títulos entre 1962 y 1963. Aun así, su falta de fiabilidad permitió a Ferrari y a BRM alzarse con 3 títulos en el mismo periodo, en manos de Phil Hill, Graham Hill (nada que ver uno con otro) y John Surtees.

El Lotus 25 demostró que no sólo a base de potencia se mejoraban las prestaciones. Ligereza, rigidez y aerodinámica eran sus bazas.


Lotus 49B




Es difícil imaginar un monoplaza de Fórmula 1 sin sus característicos alerones. Pero los coches de la máxima competición automovilística no siempre fueron así. El pionero en el uso de estos apéndices aerodinámicos fue, como no, un Lotus, el modelo 49B. Se trataba de una evolución del Lotus 49 que apareció por primera vez en el gran premio de Mónaco de la temporada 1968.

Es difícil encontrar un personaje en la historia de esta competición que haya transformado más profundamente la tecnología que el gran Colin Chapman, fundador de Lotus.


Lotus 78



Lotus volvió a revolucionar la Fórmula 1 en 1978 con este espectacular – técnica pero también estéticamente – monoplaza. Diseñado por Peter Wright, Colin Chapman, Martin Oglivie y Tony Rudd, fue el primer coche que empleó el efecto suelo.

Cuentan que en 1976, Chapman, decepcionado con el rendimiento del antaño exitoso Lotus 72, escribió un documento de 27 páginas con las ideas fundamentales que debían regir el diseño de este monoplaza. Después de estudiar el funcionamiento de un avión cazabombarderos, pensó en invertir el principio que permitía a los aeroplanos aprovechar el flujo de aire caliente que expulsaban para generar soporte aerodinámico. La experimentación de estos principios en el laboratorio permitió comprender bien el principio y aprovecharlo de forma eficiente. La circulación del aire por debajo del monoplaza y la incorporación de unos faldones laterales para canalizarlo correctamente, lograban un efecto de succión que permitiría un paso por curva muy superior al de la competencia.

El coche estaba disponible en 1976, pero Chapman no quiso mostrar su revolucionario monoplaza hasta la temporada siguiente. Debuta en el 77 con 5 victorias, pero se le escapa el campeonato pese a obtener más victorias que Lauda y su Mclaren. En 1978 confirma su dominio, pero a las pocas carreras, Chapman reemplaza el Lotus 78 por el modelo 79, un paso más allá en el dominio que Lotus iba a ejercer aquella temporada, logrando el campeonato del mundo.

El resto de escuderías tardó en reaccionar frente al nuevo ingenio de Chapman, pero en cuanto descubrieron el sistema de faldones y los principios del efecto suelo, se lanzaron a replicarlo con éxito. Se inauguró así la era del “efecto suelo” en la Fórmula 1, que finalizaría con la prohibición de su uso en 1983. La velocidad que llegaban a alcanzar los monoplazas en curva era tan elevada como susceptible de desaparecer si un fallo en los faldones producía la abrupta pérdida del milagroso efecto de succión.

Desde el Lotus 78 la importancia de la aerodinámica en la F1 no ha parado de crecer.


Brabham BT46B




He dudado en incluir al “monstruo” en este ranking, el mítico Brabham BT46B, el coche-aspiradora. Pero nadie le puede discutir a este increíble monoplaza un gran impacto en la competición: logró ser prohibido después de una única carrera. Para la historia queda su tremenda efectividad: 100% de victorias, aunque sólo corriese una vez.

Este fenomenal aparato irrumpió en el campeonato en un momento en el que Colin Chapman y su Lotus 79 habían revolucionado el campeonato gracias al efecto suelo. Brabham había diseñado un coche competitivo, pero el joven ingeniero Gordon Murray llegó a la conclusión de que las cosas podían llevarse un poco más lejos. ¿Por qué no incrementar el efecto de succión hacia el suelo con un enorme ventilador, capaz de generar el efecto sin necesidad de un flujo de aire generado por la propia velocidad del monoplaza? Dicho y hecho.

Cuentan que Murray se encontró con esta tremenda innovación al tratar de idear un mecanismo para refrigerar el enorme motor Alfa Romeo V12 que montaba el monoplaza original. La imposibilidad de poner los radiadores de forma aerodinámicamente óptima, llevo a Murray a probar con un ventilador posterior. El enorme efecto de vacío que generaba hizo el resto.

Según palabras de Lauda, la victoria que logró en Suecia en la única carrera disputada por el BT46B, “fue la carrera más fácil de mi vida”. El ingenio fue prohibido después de esa carrera y obligó a los reguladores a vigilar más de cerca a los ingenieros.


Renault RS01



Renault buscaba dar un golpe de efecto en la competición, un golpe que lo situase en la escena internacional. Tras unos primeros escarceos en las competiciones de resistencia, la marca del rombo quería demostrar que era capaz de competir y vencer en la máxima competición del motor, la Fórmula 1.

El estreno de la marca del rombo fue en 1977. Para ello, pusieron en escena el RS01, el primer Fórmula 1 con motor turbo de la historia. En aquellos años la reglamentación permitía motores de 3.0 litros atmosféricos y eventualmente motores de 1.5 litros turboalimentados, pero ninguna de las escuderías de la época se había atrevido con una tecnología aún inmadura. En aquellos años, el celebérrimo motor Ford Cosworth DFV de 8 cilindros era la norma, mientras Ferrari, Matra y Alfa Romeo apostaban por motores de 12 cilindros.

El RS01 era más un test de concepto que un auténtico Fórmula 1. El novedoso motor recibió tanta atención que el chasis apenas estaba a la altura de una competición de este nivel. Era pesado y muy poco competitivo, pensado simplemente para no complicar el desarrollo.

Los inicios del monoplaza fueron complicados. El monoplaza a duras penas lograba calificarse para las carreras y mereció el apodo de “tetera amarilla”. Renault completó la temporada 1977 sin finalizar ninguna carrera. En 1978 se obtienen los primeros resultados. El coche ha evolucionado, se logra mejorar la fiabilidad, se resuelven problemas de respuesta del turbo y se obtiene un cuarto puesto en USA. En 1979 Jaboullie logra la primera pole-position para un motor turbo en Sur África, un circuito en altura que reducía el rendimiento de los motores atmosféricos hasta en un 20% pero que no afectaba apenas a los motores turboalimentados.

Todos sabemos el desenlace de esta historia. A mediados de 1979 Renault puso en escena el RS10, una evolución del primer RS01, y logró su primera victoria. El resto de escuderías fueron adoptando motores turbo hasta ser el estándar en la competición de los años 80. Aquellos motores llegaron a alcanzar los 1.400 CV en calificación y llegaron a estar tan por delante de la capacidad de los chasis que los soportaban, que finalmente se prohibieron en 1989. En algunos circuitos pasaron 17 años hasta que un monoplaza con motor atmosférico pudo superar los tiempo de la era turbo.


Brabham BT55



No he dudado en incluir en esta lista al Brabham BT55, pese a ser un auténtico descalabro para la escudería que lo puso en competición. Diría que fue el inicio del declive imparable de la otrora exitosa escudería Brabham.

Se trataba de un nuevo ingenio de Gordon Murray, el ingeniero de moda en aquella época. La idea era simple: hacer un monoplaza lo más plano posible para reducir la resistencia aerodinámica y mejorar el flujo de aire hacia el alerón trasero.

El monoplaza se presentó en 1986 con buenas expectativas. No sólo era aerodinámico, también tremendamente bello y elegante. El piloto debía ir prácticamente estirado para pilotarlo y el motor se montaba inclinado 18 grados para poder encajar en el chasis.

El resultado fue desastroso. Tan sólo logró puntuar gracias a dos sextos puestos y, lo que fue peor, uno de sus pilotos, Elio di Angelis, perdió la vida en un accidente en entrenamientos privados, seguramente por un fallo en el alerón trasero.

Murray abandonaría ese año la escudería y fue a Mclaren, donde le prometieron apoyo para lleva llevar a cabo sus ideas. El año siguiente el mundo vería nacer el Mclaren MP4/4, el mejor monoplaza de la historia de la competición, y que guardaba un parecido considerable con el BT55. Era la versión bien ejecutada del mismo plan.

Lotus 99T



El Lotus 99T pilotado por Ayrton Senna en 1987 puede considerarse el primer coche de la historia con suspensiones activas. Este revolucionario sistema permitía mantener constante la altura del coche respecto al suelo, compensando con mecanismo electro-hidráulico las inercias generadas por el vehículo en las curvas, optimizando así el agarre y la aerodinámica.

La idea puede considerarse como la última aportación a la F1 del mítico Colin Chapman. Lotus ya había experimentado la idea en los 80, pero los sistemas electrónicos no estaban suficientemente desarrollados.

El 99T es uno de esos coches revolucionarios que, bajo mi punto de vista, fracasaron. Senna logró dos victorias y finalizó el mundial de constructores en tercera posición, pero las expectativas eran superiores. Unir un sistema revolucionario de suspensiones, la proverbial eficiencia aerodinámica del Lotus, los motores Honda y las manos de Senna, deberían haber permitido aspirar al título de pilotos. El peso adicional que las nuevas suspensiones representaban (10-12Kg) y el hecho de que el sistema extrajese potencia del motor para su funcionamiento mermaron la competitividad de este revolucionario monoplaza.

Aun así, el 99T abrió la senda que años más tarde siguió Williams con éxito gracias a sus FW14B y FW15, dos de los monoplazas más dominadores de la historia de la competición. Las suspensiones activas se prohibieron en 1994 en un intento de reducir las prestaciones de los monoplazas y de igualar la competición, pero la era de la electrónica en la automoción estaba inaugurada.


Tyrrell 019




Tyrrell vivía horas bajas en 1990. Poco quedaba de la esplendorosa escudería fundada por el carismático Ken Tyrrell, capaz de vencer campeonatos del mundo en los 70. Su última victoria databa de 1984. Con dificultades para encontrar buenos ingenieros, pilotos y patrocinadores, Tyrrell tuvo un último destello de gloria gracias al Tyrrell 019.

El modelo 019 ha pasado a la historia por ser el primero en elevar el morro para permitir un mejor flujo aerodinámico en la parte inferior del monoplaza y mejorar el reducido efecto suelo que los coches aún generaban después de la prohibición de los faldones laterales en 1983. Esta simple idea, obra de Harvey Postlethwaite, no sólo permitió al monoplaza gozar de una competitividad aceptable sino que cambiaría definitivamente el aspecto de los monoplazas: hoy en día siguen teniendo la misma forma.

El 019, después de su prometedor debut, obtuvo una extraordinaria segunda posición en Mónaco, pero poco más. Sin embargo, su herencia fue recogida en primera instancia por el Benetton B191, que lograría una victoria con Piquet, y que daría lugar a los exitosos B194 y B195, monoplazas campeones del mundo pilotados por Schumacher.

El impacto de esta idea fue tal que la última victoria de un monoplaza con morro bajo se produjo sólo 4 años más tarde, gracias al Williams FW16. Nadie más logró vencer después sin levantar las narices del suelo…

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¿Estás de acuerdo con esta clasificación? ¿Echas de menos algún coche revolucionario? ¡Anímate a escribir!

domingo, 5 de mayo de 2013

Los 10 mejores monoplazas de la historia de la fórmula 1

Si preguntamos a cualquier aficionado a la fórmula 1 - que por lo menos esté rondando los 40 - cuál ha sido el mejor monoplaza de la historia, en seguida le vendrán a la cabeza unos cuantos nombres comunes.

Pero como en estos temas siempre existe cierta subjetividad, he tratado de poner algunas reglas para poder otorgar este supuesto título de "mejor fórmula 1" de la historia. He tenido en cuenta para ello la cantidad de puntos obtenidos en el campeonato respecto a los que podía obtener (en algunos campeonatos sólo se contabilizaban cierto número de resultados del total), victorias, pole positions y posiciones de podio. He descartado vehículos anteriores a 1961, época en la que las reglas de puntuación eran muy diferentes a las actuales y en la que había poca variedad de escuderías.

Después de analizar los resultados estos son los 10 mejores monoplazas de la historia, empezando por el final. Disfrutad del recuerdo...

NOTA: Este post fue escrito en 2013 por primera vez. Antes las peticiones de algunos lectores, lo he actualizado con los resultados de los campeonatos de 2013 y 2014. Los monoplazas vencedores de ambos campeonatos han entrado en el top 10, lo cual confirma la pérdida de competitividad de la F1 en los años recientes.

(10) Red Bull RB9 (2013)



Empezamos esta lista de monoplazas con el RB9, obra de Adrian Newey. No es su única creación en esta lista. El RB9 ha sido el último monoplaza ganador de la era de motores atmosféricos no híbridos.

El RB9 resultó un monoplaza más dominador de lo que parecía a principio de temporada. Quizá el hecho de que la normativa iba a cambiar al año siguiente de forma radical desanimó a sus competidores a seguir en la lucha una vez se vio que el monoplaza de la marca de bebidas energética iba a ganar el campeonato. La desastrosa temporada de Mclaren aquel año también facilitó las cosas.

Como todas las creaciones de Newey, su dominio se basó más en una insuperable aerodinámica que en su propulsor Renault. En manos de Sebastian Vettel, resultó ser una máquina demoledora: 68% de victorias y 73% de los puntos que podía conseguir. Y un campeonato nada emocionante, claro.

(9) Mclaren MP4/5 (1989)



Neil Oatley supo evolucionar el extraordinario MP4/4 de 1988, diseñando un monoplaza capaz de dominar  el campeonato de 1989 y el 1990. El principal reto del diseño fue el cambio en la reglamentación de motores, entrando en vigor la prohibición de motores turboalimentados. Este cambio determinó el aspecto del MP4/5, más alto que su predecesor y con una entrada de aire en la parte superior del monoplaza.

Mclaren, con su dupla de pilotos Prost-Senna, logró dominar un campeonato en el que Ferrari, esta vez sí, opuso algo de resistencia. El MP4/5 no gozó del dominio del MP4/4, pero aún así logró el 63% de las victorias del campeonato e igualó su dominio en clasificación (94% de poles).

Difícil de borrar la imagen de Prost y Senna colisionando en Japón a bordo de este monoplaza. Una imagen para la historia.

(8) Williams FW14 (1992)



El Williams FW14 es uno de esos monoplazas que han cambiado la F1. Y una muestra de lo que Adrian Newey podía hacer en un equipo con presupuesto. En su entrada en una de las grandes escuderías de la F1, Newey se sacó de la manga un coche invencible: aerodinámica superior, potente motor Renault, suspensiones activas, antibloqueo de frenos, control de tracción y cambio semiautomático. Los monoplazas "coetáneos", el Ferrari 643 y el Mclaren MP4/6, nada pudieron hacer contra el FW14 en manos de un Nigel Mansell que había barajado la retirada el año anterior.

El resultado de esta combinación: 63% de victorias, 94% de las poles, 44% de las posiciones de podio y 64% de los puntos a los que aspiraba. Sin duda, uno de los grandes monoplazas dominadores de la F1. La mejor prueba de ello: las quejas de Senna al respecto de que monoplazas como el FW14 reducían el papel del piloto a algo secundario. No le faltaba razón.

(7) Williams FW18 (1996)



Entre los años 1992 y 1997 Williams fue sin duda la escudería de referencia en la F1. Sólo los problemas padecidos en el monoplaza de 1994 (año del fallecimiento de Senna), y la irrupción de Michael Schumacher y su equilibrado Benetton B194/195, pusieron un paréntesis a este dominio.

El FW18 es una demostración de la superioridad de la escudería inglesa en esa época. Que Damon Hill fuese campeón del mundo y Jaques Villeneuve subcampeón, es una buena prueba de ello. El FW18 era simplemente un auto bien concebido y mejor realizado: 75% de victorias, 75% de poles y 68% de los puntos que podía conseguir. Y con esos pilotos...

(6) Williams FW15 (1993)



Prost quería asegurarse un monoplaza ganador para su retorno a la F1, y no podía haber escogido mejor: el Williams FW15 fue diseñado nuevamente por Adrian Newey sobre la base del ya extraordinario FW14, propulsado por el mejor motor del momento (Renault). Es considerado como el monoplaza más tecnológico de la historia, ya que incorporaba antibloqueo de freno, control de tracción y suspensiones activas. Su dominio fue tal que la FIA decidió prohibir las ayudas electrónicas al piloto a partir de aquel campeonato.

Sus números son "aterradores", como los de todos los ilustres miembros de esta lista: 62% de victorias, 46% de las posiciones de podio y un dominio en clasificación incostestable, 94% de poles. Únicamente un inspirado Senna y la presencia de condiciones climatológicas inesperadas lograron cuestionar la superioridad de esta joya de la ingeniería.

(5) Red Bull RB7 (2011)



Personalmente, creo que la mejor creación de Adrian Newey para Red Bull fue el RB5, un vehículo que no logró el campeonato pero fue capaz de plantar cara al Brawn de Jenson Button  (a diferencia de Ferrari o Mclaren), pese a no contar con el polémico doble difusor. Pero fue en el RB7 donde el "maestro" del diseño logró dar en el clavo, creando un coche dominador.

El RB7, además de una aerodinámica excepcional, propia de cualquier diseño de Newey, contaba con un as en la manga que le dio una ventaja insuperable: el polémico difusor soplado, un sistema que aprovechaba los gases de escape del motor para crear un flujo aerodinámico constante en curva.

El resultado, en manos de Vettel y Webber: 63% de las victorias de la temporada, 47% de la plazas de podio y, un dato en el que ningún otro monoplaza lo supera, un 95% de poles logradas. El RB7 volaba en clasificación, y logró uno de los campeonatos menos emocionantes de la historia, logrando el 80% de todos los puntos que podía conseguir.

(4) Ferrari F2004 (2004)





La dupla Ross Brawn y Rory Byrne, esta vez ayudados de Aldo Costa, lograron prolongar un último año el dominio de Schumacher y Ferrari en los campeonatos de la primera década del 2000. Siguiendo la línea definida por el legendario F2002, el F2004 era una evolución lógica de la idea inicial, que se adaptó mejor que ningún otro monoplaza a los cambios de reglamentación de aquel año (motores que debían durar un fin de semana, por ejemplo).

La escudería de Maranello logró alargar una increible racha vencedora con un monoplaza que logró la victoria en el 83% de los grandes premios en los que participó y mejoró el resultado en clasificación del F2002 (67% de las poles).

(3) Ferrari F2002 (2002)



Ferrari y Schumacher habían encontrado la fórmula mágica del éxito. Tras las triunfales temporadas 2000 y 2001, la oposición de Mclaren y Williams amenazaba con romper la hegemonía italiana. Pero Ross Brown, Rory Byrne y Paolo Martinelli no cayeron en el conservadurismo y se sacaron de la manga uno de los mejores monoplazas de la historia. Su extremedamente bajo centro de gravedad, su estudiada aerodinámica y unos neumáticos Bridgestone especialmente diseñados para este monoplaza, fueron una combinación insuperable.

El F2002 ganó 16 de las 20 carreras que corrió y obtuvo la mitad de los puntos entregados en aquel campeonato. Aquel año, el 53% de las posiciones de podio del campeonato fueron ocupadas por Schumacher y Barrichello, los pilotos de la escudería de Manarello. Más cifras que hablan del potencial del coche: Schumacher no bajó de la segunda posición en todo el campeonato.

En comparación a otros coches dominadores, el único aspecto en que el F2002 era vulnerable fue en la clasificación, probablemente debido al mejor comportamiento de los Bridgestone en tandas largas que en las cortas: logró el mejor tiempo "solamente" en el 59% de las clasificaciones.

Una última curiosidad: según el índice Pomeroy, un ingenioso sistema que permite comparar coches de diferentes épocas descontando la evolución tecnológica media, el Ferrari F2002 está considerado el coche más rápido de la historia.

(2) Mercedes F1 W05 (2014)



2014 fue un año de grandes cambios para la F1. Aquel año se inauguraba la era de los motores híbridos: propulsores de tan sólo 1.6 litros turboalimentados y con sistemas de recuperación de energía. Se dice que Mercedes fue el máximo impulsor de este cambio en la normativa y que por ello estaban tan bien preparados para afrontar la nueva era.

El resultado fue el W05, diseñado por Aldo Costa con todo el equipo de ingeniería de Mercedes a sus espaldas. Resultó ser el segundo monoplaza más dominador de la historia de la F1. La diferencia de competitividad entre el Mercedes y el resto fue ridículamente grande. Tan sólo algunos fallos de fiabilidad y un inspiradísimo Daniel Ricciardo, que aquel año se estrenaba en la escudería Red Bull, lograron arrebatar 3 victorias a la marca de Stuttgart. Únicamente la feroz lucha entre los pilotos de Mercedes, Hamilton y Rosberg, lograron atenuar el intenso tedio de una temporada para olvidar en lo que a emoción se refiere.

Algunos datos destacados: 95% de pole-positions logradas (record absoluto, sólo perdieron una), 54% de las posiciones de podio ocupadas y 86% de los puntos que podían conseguir.

El secreto del W05 fue su extraordinario propulsor. Tras cerca de una década en la que la aerodinámica era el factor determinante de la competitividad de un monoplaza, el cambio en la reglamentación volvía a poner el foco en el propulsor. Y en materia de motores, Mercedes demostraba nuevamente ser imbatible.

(1) Mclaren MP4/4 (1988)




Y llegamos al mejor de todos los tiempos, el Mclaren MP4/4. Mclaren se unión a Honda y a un inspiradísimo Gordon Murray para crear el monoplaza más dominador de la história de la fórmula 1, tanto por su extraordinaria velocidad como por su - sorprendente - fiabilidad.

Curiosamente, el origen de este exitoso monoplaza debemos buscarlo en uno de los mayores fracasos de la F1, el Brabham BT55, un revolucionario monoplaza diseñado por el propio Gordon Murray. El BT55 era un monoplaza ultraplano, con el objetivo de reducir la superficie frontal del vehículo y lograr un mayor flujo de aire hacia el alerón trasero. El resultado fue desastroso, en gran parte debido a la dificultad de encajar el motor BMW que usaba esta escudería en la posición requerida por el chasis. La muerte del piloto Elio de Angelis en una sesión de entrenamientos, fue la gota que colmaba el vaso. Ante las dificultades encontradas y el escaso apoyo de Bernie Ecclestone (patrón de Brabham en aquella época), Murray decidió abandonar el proyecto, y tratar de poner en práctica sus ideas en Mclaren (con las lecciones aprendidas).

El resultado fue espectacular: el mejor monoplaza de la historia. En manos de Ayrton Senna y Alain prost, los resultados obtenidos por este prototipo fueron contundentes: El MP4/4 venció en 15 de las 16 carreras en que compitió (93,8%), logrando 15 poles, y copando el 52% de la posiciones de podio. En una temporada en la que sólo contaban los 11 mejores resultados obtenidos por los pilotos, el MP4/4 obtuvo el 92% de los puntos que podía conseguir. Nadie ha vuelto a obtener un dominio tan aplastante. Sólo la extrema rivalidad de sus dos pilotos ofreció el espectáculo que merecían los aficionados.

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Tal y como he comentado al principio de este post, he revisado la lista inicial hecha en 2013, por lo que dos monoplazas han quedado fuera del top 10. Por si alguien tiene curiosidad, aquí están los monoplazas damnificados.

(12) Mclaren MP4/13 (1998)



Cierra esta lista de monoplazas el MP4/13, obra de Adrian Newey (multiples veces nombrado en esta lista). Dotado de motor Mercedes, el prototipo de la marca de Woking logró dominar el campeonato de 1998 con autoridad contando con Mika Hakkinen al volante. Y si su dominio no fue más abrumador fue por la feroz resistencia de Schumacher y un notablemente competitivo Ferrari.

Aún así sus números hablan por sí solos : más de la mitad de las victorias de la temporada, tres de cada cuatro pole positions y el 61% de los puntos que podía conseguir. Demasiado incluso para el Kaiser.


(11) Williams FW11B (1987)




Admito que tengo cierta debilidad por este monoplaza. Obra de Patrick Head, el FW11 estaba dotado de un poderoso motor Honda 1.5L turbo, capaz de rendir cerca de 1000 caballos en clasificación. El FW11/B se ha convertido en un auténtico icono de la era turbo, dejándonos numerosas imágenes para el recuerdo. Prost con su Mclaren y Senna con su Lotus debieron hacer frente a esta imponente máquina, algo que ha engrandecido su leyenda.

Nelson Piquet y Nigel Mansell fueron los pilotos responsables de domar este monoplaza. Su fuerte temperamento nos brindó duelos legendarios y, probablemente, les hizo perder el campeonato de 1986. Al año siguiente nadie pudo parar al Williams, y Piquet se hizo con el título: 56% de victorias y 70% de los puntos a los que aspiraban. Si su éxito obteniendo poles se limitó a un 75% fue por obra y milagro de la efectividad de Senna a una vuelta, y de un prometedor Gerhard Berger al volante del Ferrari.


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Aquí encontraréis una interesante lectura de cómo se gestó el nacimiento del MP4/4.

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Si lees este post, te animo a escribir algún comentario. Así sentiré que alguien está al otro lado ;)